La princesa de Gales eligió un vestido firmado por Roksanda y joyas que pertenecieron a Isabel II y Lady Di. En los últimos días, también brilló con estilismos en azul cielo y amarillo mantequilla.
Después de una intensa agenda de compromisos oficiales, Kate Middleton reapareció este miércoles en Royal Ascot con un impactante look amarillo que combinó elegancia, tendencia y homenajes a dos figuras fundamentales de la historia reciente de la monarquía británica: la reina Isabel II y la princesa Diana.
Para su regreso al tradicional evento hípico, al que no asistía desde hacía dos años, la princesa de Gales eligió una versión personalizada del vestido Brigitte de la diseñadora Roksanda. En un vibrante tono amarillo caléndula, el diseño se destacó por su silueta estructurada, mangas cortas, cintura marcada y un gran lazo sobre uno de los hombros que aportó dramatismo al conjunto.

La princesa completó el estilismo con un sombrero a juego diseñado por Jane Taylor, stilettos de gamuza beige y un clutch color marfil con detalles de perlas.
Con el cabello recogido en un rodete bajo y maquillaje natural, dejó que el vestido y las joyas fueran los protagonistas.

Como suele ocurrir en sus apariciones más comentadas, los accesorios tuvieron un significado especial. Kate lució unos aros colgantes de diamantes que pertenecieron a la reina Isabel II y una pulsera de tres vueltas de perlas y diamantes que fue una de las favoritas de Diana. La pieza, creada por el joyero Nigel Milne en 1988, forma parte del legado de joyas que hoy utiliza la princesa de Gales.

La princesa llegó acompañada por el príncipe William, que respetó el estricto código de vestimenta de Royal Ascot con frac negro, chaleco claro, galera y corbata. En la solapa lució un narciso amarillo, emblema nacional de Gales, que además armonizaba con el vibrante tono elegido por Kate.
Del azul cielo al amarillo mantequilla
La aparición en Royal Ascot fue el cierre de una semana especialmente activa para Middleton. Apenas unos días antes había participado de Trooping the Colour, el desfile militar que celebra el cumpleaños oficial del rey Carlos III.

Para esa ceremonia eligió un refinado conjunto en azul cielo con detalles blancos, acompañado por un gran sombrero a juego. Entre los accesorios destacó el tradicional broche de los Irish Guards, regimiento del que es coronel honoraria, además de unos delicados aros florales de Cassandra Goad.

Dos días más tarde volvió a convertirse en una de las protagonistas de la agenda real durante la ceremonia de la Orden de la Jarretera, celebrada en el Castillo de Windsor. Allí apostó por otro de los colores estrella de la temporada: el amarillo mantequilla.

La princesa lució un elegante vestido de corte sastre firmado por Patrick McDowell, una de las figuras emergentes de la moda británica. El diseño, de líneas limpias y silueta depurada, estuvo acompañado por un sombrero de ala ancha que aportó un aire clásico al conjunto.

Como guiño personal, recuperó los pendientes de diamantes Robinson Pelham que usó el día de su boda con el príncipe William en 2011. Las piezas, inspiradas en hojas de roble y bellotas, fueron encargadas por sus padres especialmente para aquella ocasión y continúan siendo algunas de las joyas más significativas de su colección.
Entre el azul pastel de Trooping the Colour, el amarillo mantequilla de Windsor y el intenso amarillo caléndula de Royal Ascot, Kate Middleton volvió a demostrar por qué cada una de sus apariciones genera repercusión inmediata. En apenas una semana construyó una sucesión de looks impecables que combinaron tendencia, simbolismo y tradición real.


